La nave de la Comunicacion

RAMOS MEJÍA: DE LA REINA DE LA MATANZA A LA CUADRA DE LOS LOCALES VACÍOS

Por Clara Razu

"El orgullo de haber sido…el dolor de ya no ser…"

(Por Clara Razu (*)) Ramos Mejía, localidad del Partido de La Matanza, con una superficie de casi 10 km2, y 97.000 habitantes.

Lugar de quintas que se empezaron a extender a partir de fines del siglo XIX y principios del XX cuando el ferrocarril y la inmigración eran los motores de desarrollo, que dieron impulso a la temprana industrialización del 30 y el peronismo en los 40.

La “perla del oeste” -como se la concoe-, “Ramos” se transformó en un polo de desarrollo industrial, particularmente de la industria textil. Se instalaron, entre otras, la Hilandería Danubio, San Marco, Bossi, lo que la convirtió en una plaza atractiva para nuevas corrientes de población provenientes del interior del país.

A treinta cuadras del centro, en la manzana comprendida entre las calles, Tacuarí, Medrano, Saavedra y Laprida, se levantaba el Distrito Militar General San Martin. Supo ser el lugar donde los jóvenes del conurbano oeste iban a hacer “la revisación para el servicio militar”.

Luego de la eliminación del mismo, después del asesinato del soldado Carrasco, durante la década del noventa, el predio fue vendido y loteado.

Hoy se levanta allí un barrio de coquetos dúplex, y un área destinada a departamentos y locales. El Nuevo Centro Ramos Mejía se ofrece como un moderno centro residencial y comercial.

El complejo estuvo listo y terminado en una primera etapa en diciembre de 2015. La hilera de los 16 locales vacíos sobre la calle Medrano son testigos mudos del deterioro económico desde ese momento.

A pesar de que desde el gobierno afirman que la inflación se desaceleró, el consumo todavía no logra recuperarse. Las ventas en los autoservicios, supermercados y almacenes muestran una disminución constante. Las colas y la desesperación de los consumidores ante la aparición de los descuentos en grandes cadenas promocionados por el Banco Provincia, fueron la imagen de una realidad maquillada por un relato “M”.

Los locales de indumentaria, no tienen mejor suerte y ni siquiera las tempranas liquidaciones, “Sale, Off”, logran que las personas atraviesen la puerta de los locales.

Todas las familias están afectadas en mayor o menor medida por la pérdida de poder adquisitivo. La ausencia de mejores señales para el consumo masivo se debe, básicamente, a que esta situación sufrida desde el año alejó a los consumidores de los comercios.

Por otra parte, los hogares bajos recursos, no tienen posibilidad de comprar porque la inflación en alimentos y bebidas es aún mayor. Con lo cual, disminuyen al máximo su gasto. Días atrás viajando en un colectivo desde Ramos Mejía, escuché el siguiente diálogo entre una joven pareja con un bebe en brazos:

Mamá: “Ahora, cuando cobre la asignación, le voy a comprar un pack de leche al nene.” Papá: “Un pack, no alcanza”. Mamá: “Si compro más, no viajo”. ¿Fin del dialogo…fin de la historia?

Para los trabajadores formales bajo convenio, las cosas no son mucho mejores. Las paritarias formales cerraron por debajo de la inflación y con “clausulas gatillo” poco claras.

En los sectores económicos más altos, el contexto de incertidumbre hace que también los consumidores restrinjan sus gastos.

Mientras, la bicicleta financiera circula libremente y los productores agropecuarios especulan con un tipo de cambio a $20, haciendo uso del privilegio otorgado por el gobierno de Cambiemos, que les permite extender el periodo de liquidación de divisas.

La necesidad de dólares de la economía se satisface vía endeudamiento que no está destinado a ampliar el capital productivo, que poco tiene que ver con las inversiones, menos con los brotes verdes y con una señal de reactivación.

El segundo semestre no trae noticias mejores…la esperanza, que es “lo último que se pierde”, hoy se traduce en la fe religiosa, un santo, al cual pedirle paz, pan y trabajo. Por ahora la cuadra de los locales vacíos es la imagen de la desolación económica, en el corazón de la clase media ramense.

(*) Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de La Nave de la Comunicación