La nave de la Comunicacion

EL NUNDO EN LAS NUBES DE INTERNET Y MÁS

Los límites entre trabajo y ocio son casi imperceptibles. Al estar conectados las 24 horas, el trabajo es en cualquier lugar o momento. Llega cuando suena el ringtone.

(Por Beatriz Chisleanschi (Especial para Motor de Ideas)) El tiempo siempre estuvo en una dimensión envuelta de subjetividad donde pasado, presente y futuro transitan por un límite muy delgado y donde su medición exacta resulta casi inconcebible. Y lo es más aún en pleno siglo XXI cuando la convivencia entre un presente lineal y continuo y un futuro exponencial es incesante. Vértigo y caos. Creación, innovación. Emprendedurismo, experimentación y resilencia. Todo junto de la mano del desarrollo de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, la tecnología, las redes integradas o la nanotecnología.

Es un futuro presente, como el que trae la universidad de elite creada por la Fundación X-Prize.

Peter Diamandis uno de los principales asesores a nivel mundial en tecnología exponencial; el director de cine James Cameron, y el fundador de Google, Larry Page, que en la convicción de que “mentes brillantes sin explotar” pueden traer soluciones y provocar avances en beneficio de la humanidad, se unieron a Ray Kurzweil -el director de ingeniería de Google- para fundar en 2008 Singularity University (SU).

Ubicada en el corazón de la NASA Ames en Mountain View, esta universidad apuesta a la formación de líderes que puedan desarrollar tecnología exponencial en las áreas de educación, energía, medio ambiente, comida, salud, pobreza, seguridad, agua y espacio.

Los robots, esos seres que sólo aparecían en las películas, forman parte de nuestro presente, y de nuestro futuro. Como “Da Vinci”, el robot que opera controlado por el médico especialista, pero gracias al cual se reducen las vibraciones humanas y se previenen errores. O “Sally”, el robot que se utiliza para la desactivación de las minas antipersonas en lugares de conflictos bélicos.

Hace unos pocos años atrás, en Argentina un robot realizó una operación de útero con un resultado fantástico. Y fue el argentino Gabriel Weinstein, que en su paso por Singularity University, desarrolló junto a colegas de otros países, una toallita femenina que, además de cumplir las funciones básicas, tiene insertado un chip que informa sobre el estado de salud de la mujer como si fuera un análisis de sangre. Esta idea surgió a partir de analizar, estudiar y descubrir que la menstruación posee el 60 por ciento de los biomarcadores que se suelen extraer de una muestra sanguínea en cualquier análisis clínico.

La sociedad atraviesa la mayor revolución en la historia de la humanidad, donde las redes extra-inteligentes modifican la relación entre producción y trabajo y desarticulan las especializaciones. Este cambio, que en términos del futurista Alvin Toffler, no es otra cosa que un “cambio de poder”. Vivimos un fenómeno donde, a mayor densidad y complejidad tecnológica, se desarrolla una economía supersimbólica basada esencialmente en la creación y el uso de las aplicaciones o apps.

La nube, el hábitat natural de la nueva economía

Según un estudio de la bolsa de trabajo PeoplePorHour, antes del año 2020 una de cada dos personas de Estados Unidos y Reino Unido entrará en el mercado laboral como autónomo.

La economía “gig”, o a “destajo” (traducida al español) gana cada vez más terreno, consecuencia directa de la disrupción digital. El término viene del mundo del jazz, ya que así se nombraba a las colaboraciones esporádicas.

Esta es una economía que crece pero con serias implicancias para los trabajadores y trabajadoras ya que, si bien por un lado incentiva la innovación, por el otro trae serios replanteos respecto al futuro laboral.

Pero, ¿qué es la economía “gig” o economía “on demand”?, es la que brindan servicios a través de internet como Uber, Airbnb, Amazon Flex o Pedidos Ya, por nombrar algunas.

Son propuestas cuya comunicación se basa en la ubicuidad, es decir la comunicación sólo es a través de internet. Las motorizan la innovación como forma de hacer negocio, y la flexibilización laboral como forma de trabajo. El trabajo es esencialmente externalizado, autónomo y temporal.

Según el índice Zurich de riesgo sobre pequeñas y medianas empresas (pymes), el 26 por ciento de las registradas en el Reino Unido contratan trabajo autónomo o flexibilizado, pues consideran que sistemas informáticos instalados en la nube son más económicos que una estructura tradicional, y que la contratación y gestión online permite reducir los gastos fijos que significa tener empleados. Más, desde el lado de los trabajadores, la desprotección es absoluta: no tienen ningún tipo de ley que ampare sus derechos por lo que son totalmente vulnerables frente al sistema que los contrata. Lejos de las oficinas, el lugar de trabajo son los dispositivos móviles, los smartphones, las tablets o las computadoras, entre otras.

La ganancia y el plus valor ya no se obtiene de la fuerza de trabajo, sino del cruce de algoritmos. En este esquema, la relación entre empleador y empleado se modifica, de allí que a esta modalidad se la llame economía peer to peer o de intercambio donde el vínculo es sólo eso, un intercambio.

Los límites entre trabajo y ocio son casi imperceptibles. Al estar conectados las 24 horas, el trabajo es en cualquier lugar o momento. Llega cuando suena el ringtone.

La economía gig no tiene fronteras, pues al ser por internet su alcance es global y desaparece el dinero en efectivo ya que todas las operaciones son por medio de tarjetas de crédito o débito.

El gurú Peter Diamandis dijo alguna vez, "La mejor manera de predecir el futuro es crearlo tú mismo" y todo parece indicar que ya no hay destino escrito, ni predicciones posibles. Las rupturas, los cambios no lineales, las mutaciones, lo insaciable de las necesidades y la satisfacción de la satisfacción, generan una expectativa puesta en el futuro que condiciona y causa nuestro presente. Una nueva lógica para explicar el suceso de las cosas surge en esta voracidad temporal.

Todo ocurre a la velocidad del rayo, y lo único que podemos aseverar es que efectivamente sucedió. Como una nave en permanente movimiento, el futuro nos sobrevuela permanentemente. Se abastece de nuestro presente, lo condiciona y vuelve por más.

Editora de Motor Económico. Periodista. Lic. y Profesora en Ciencias de la Educación