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La inflación, teoría y políticas antiinflacionarias: “De los laberintos solo se sale por arriba”

Por Clara Razu

(Por Clara Razu) La inflación es por definición el aumento general y sostenido de los precios de la economía. Las características fundamentales de la inflación, que la diferencian de un alza de precios, son su generalidad y su permanencia en el tiempo.

La aplicación de políticas que combatan el problema depende del diagnóstico acerca de las causas de la inflación. Así como cuando una persona tiene fiebre, la cura depende de la aplicación de la medicación adecuada y dicha medicación será la correcta en la medida que ataque la enfermedad diagnosticada, la inflación es como “la fiebre del sistema”, y será cuestión de reducirla, pero no tanto como para destruir la actividad económica.

A propósito de esta última definición, el economista Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, tiene una frase célebre que cita el periodista Alfredo Zaiat, en su libro Economía a Contramano: “si los economistas ortodoxos fueran médicos, recomendarían bajar la temperatura del paciente hasta enfriarlo totalmente, o sea matarlo”.

La inflación y los problemas económicos son problemas sociales y tienen múltiples causas. Esta multicausalidad hace que sea necesario a recurrir a una serie de herramientas, o sea distintas políticas económicas, para moderar sus consecuencias negativas.

Las causas de la misma, lejos de ser exclusivamente monetarias, son la presencia de desequilibrios en la estructura productiva, los “estrangulamientos” en determinados sectores, la puja distributiva, la formación oligopólica de precios y la variabilidad de los precios internacionales de los bienes primarios.

¿Cuál sería una política antiinflacionaria exitosa? “De los laberintos, se sale solo por arriba”, decía Leopoldo Marechal, entonces, se podría afirmar que no existe otro camino que el desarrollo productivo con inclusión social. En un contexto en el cual las presiones inflacionarias son mayoritariamente causadas por la presencia de los factores antes mencionados y no por los excesos de demanda, las soluciones ortodoxas resultan insatisfactorias.

De hecho, el fracaso de la política antiinflacionaria, en manos del Banco Central de la República Argentina a partir de las “metas de inflación”, fijadas e incumplidas desde el 2016 en adelante, lo confirma.

Insistir con una política monetaria contractiva solo tiene como objetivo disminuir los salarios reales de los trabajadores, y bajar los “costos laborales”, objetivo perseguido por los formadores de precios y promesa de campaña del actual presidente, cuando dijo “el salario es un costo más y hay que bajarlo”.

Cuando se considera la concurrencia de distintas variables que derivan en un proceso inflacionario, y se tienen en cuenta los “costos de producción” conviene repasar la manera en que se fijan los precios.

Un productor de bienes y servicios toma sus costos (que incluyen materias primas, insumos, mantenimiento, pago de servicios, etc.) y les suma un “Mark Up”, un “plus”, que representa su rentabilidad, que es su “ingreso”: Si los “aumentos de costos” se trasladan a los precios, entonces la rentabilidad no se ve afectada, y los sectores que tienen ingresos fijos pierden poder de compra, es decir, “poder adquisitivo”. Es por eso que se habla del “poder de los formadores de precios”, que no son las pequeñas y medianas empresas, sino los grandes conglomerados productores de bienes que funcionan de manera concentrada y lejos de ser perjudicados por la inflación, se benefician.

Sin embargo, la disminución de los ingresos reales de estos sectores, que son los de mayor propensión al consumo, disminuyen la demanda agregada, y por lo tanto se empuja a la economía a la recesión. Hasta ahora ese enfriamiento no deriva en una disminución de precios, tal como indica la teoría económica, “los precios bajan cuando disminuye la demanda”, entonces ¿no será que la rentabilidad empresarial de los sectores más concentrados, aumenta?

La insistencia de la aplicación de una política antiinflacionaria que no es eficaz ni eficiente, ¿no tendrá como objetivo beneficiar al sector financiero y al complejo agroexportador alimentario cuyos empleados son hoy funcionarios gubernamentales?

La realidad cotidiana nos muestra cada vez más pequeñas y medianas empresas que cierran, más personas con problemas de empleo (desempleadas, subempleadas, y que abandonan el mercado de trabajo), más comercios cerrados, más “emprendedores barriales”, vendedores por catálogo, ambulantes, preparación y venta de comida…cada vez más personas quedan fuera del mercado sin que esto obviamente genere el crecimiento económico que los funcionarios pregonan y que los medios de comunicación concentrados te muestran a partir de la cantidad de turistas argentinos que parten hacia Chile, Uruguay o Brasil.

Lejos de la “Patria es el Otro”, y del “Todos Entran”, cada día la matriz productiva se encoje, y en el largo plazo, la mejora no existe.

Lic. en Economía. Docente. Colaboradora de Motor Económico