La nave de la Comunicacion

El uso de la expresión “podríar revolucionar” aumenta exponencialmente en los medios tecnológicos

PLANETA COMUNICACIÓN

(KIERAN DAHL/ Especial/Thebaffler.com) Antes trabajaba elaborando titulares para la publicación digital (másbien el blog pretencioso) de una empresa emergente de marketing. Queríamos  que el blog lo leyeran personas influyentes, como por ejemplo los CEO, los CTO y los CXO de empresas acaudaladas y expertas en tecnología (la X sería un comodín para una palabra sin corporeidad, y completamente fuera de lugar en el título de un puesto de trabajo, como por ejemplo felicidad o libertad.

Para conocer los trucos de la industria, analizaba los títulos de las publicaciones que sabía que es agente leía: TechCrunch; Fortune. Inc; Bloomberg; Engadget y The Harvard Business Review. No aprendí mucho. Todo lo que obtuve fue una metafórica bocanada pasiva de partículas cancerosas provocada por el humo que desprendía el trasero de en casi todos los titulares tecnológicos que leía. Ninguno ejemplificaba esa extrañas simbiósis entre tecnología y su cobertura mediática más que la terrible mente sobreutilizada frase “podría revolucionar”, como  sucede po rejemplo en “la cadena de bloques podría revolucionar la industria de los seguros”, o “la lámina ultra pegajosa que se pliega como las figuritas de papel podría revolucionar todo lo conocido, desde los vendajes hasta la electrónica ponible”. 

Google me dice que entre 2000 y 2010 “podría revolucionar” apareció en páginas web indexadas menos de catorce mil veces. Des  de entonces, la frase ha visto lo que los capitalistas de riesgo podrían llamar un aumento de palo de hockey, y ha pasado de seis mil entradas en 2011 a trece mil en 2014 y a treinta mil en 2017. Cuatro meses después del comienzo de 2018, “podría revolucionar” ha aparecido en internet casi veinte mil veces. Es posible que el brutal aumento de popularidad de “podría revolucionar” refleje la ascensión de Silicon Valley en nuestra conciencia colectiva. Pero, ¿quiénes la gallina y quiénes el huevo?

Obviamente, Silicon Valley es sinónimo de tecnología, que da y necesita  dinero, algo que en símismo es un producto de la mitología eternamente reproducida que establece que los productos creados por estos innovadores van a cambiar el mundo para mejor; o, al menos, que si juntas a un grupo de ingenieros en un lugar de trabajo con una distribución abierta durante el suficienteespacio de tiempo (un número infinito de monos con un número infinito de editores Sublime), terminarán creando algo parecido al Hamlet del código. 

Esa es la quimera de Silicon Valley. Y la constante insistencia de la prensa tecnológica en emplear “podría revolucionar” en los titulares evidencia tanto esa ilusión como demuestra el descrédito de la prensa misma. Indefectiblemente, cuando se presenta un producto, una empresa o simplemente una idea abstracta los titulares tecnológicos lo reciben con adjetivos como revolucionario, una  innovación quepodría convulsionar la industria. Es verdad que la novedad produce destellos y a Silicon Valley le gustan las cosas que brillan. Sin embargo, cuando el anuncio no se traduce en algo real, nadie se da cuenta porque ya han pasado al siguiente cambio radical. La eternar ueda de la tecnología y el tiempo continúa girando al unísono.

Lógicamente, el lenguaje hiperbólico no es algo nuevo en Silicon Valley. Pero “podría revolucionar” ofrece la peo rcara de la prensa tecnológica. La yuxtaposición de dos mundos enfrentados tiene un afán manipulador (pues podría implicar una clara posibilidad de que algo no pase, mientras que revolucionar significa la versión más poderosa posible de un cambio en la naturaleza fundamental de algo). Es evidente que nadie hace clic en un enlace que diga: “X podría tener un impacto sobre Y”, sin importar lo intrigante que sea la X o la relevancia cultural que tenga Y. Pero “podría revolucionar” es un catalizador, una droga de entrada que lleva al mundo de la falsa esperanza, de la ocultación y del optimismo ilusionante que alimentan el frenesí cíclico de Silicon Valley. Cuando se utiliza “podría revolucionar” en un titular, el artículo entra automáticamente dentro de una de estas dos categorías: un tibio argumento del efecto factible, pero a la larga menor, sobre Y, o un comunicado de prensa cuasi servil. Algunas apariciones recientes de “podría revolucionar” evidencian el palpable lenguaje adulador y exagerado que la prensatecnológica   utiliza para apuntalar la misma industria que debería estar desmantelando con sus críticas:

- En un video de Fast Company titulado “Estas gafaspodrían revolucionar las plantillas de trabajo”, el CEO de una empresa con interés financiero en que esa profecía se haga realidad recibe 90 generosos segundos en cámara para explicar el “caso de uso” de suproducto.

 

 

- Wired afirma: “La IA podríarevolucionar la guerratantocomolasbombasnucleares”, aunqueesdifícilimaginarcualquiercosaque no sea un arma nuclear controlada con IA quepuedamatar en un instante a toda la población de Ann Arbor. Y sinosguiamospor el estudio de Harvard quecita: “El futuroprogreso de la IA tiene el potencial para serunatecnologíaquetransforme la seguridadnacional, igualquehicieronlasarmasnucleares”. Obsérvese la acumulación de incertidumbre de progresofuturo y potencial, cuyaomisiónpermitealcanzarnivelesplatónicos de mimesis, doblementealejados de la realidaD.

 

- Un titular de Next Web indica “Cómo el bitcoin podríar evolucionar lasr emesas hacia África”. El artículo defiende su tesis con citas que ocupan un párrafo entero del CEO de una empresa de remesas, del CEO de una empresa de cambio de bitcoin y del fundador de otraempresa de cambio de bitcoin que luego se hizo famoso por deberles cientos de miles de dólares a sus inversores.

Kieran Dahl es un escritorindependiente y un redactor publicitario. Vive en Brooklyn por el momento, y no tienecuenta en Instagram.