La nave de la Comunicacion

LA MINISTRO DE DEFENSA DE ITALIA EN UNIFORME DE CAMPAÑA POR LA "PAZ" EN AFGANISTÁN

La ministro de Defensa de Italia en ‎uniforme de campaña por la «paz» ‎en Afganistán ‎

POR MANLIO DINUCCI / VOLTAIRENET

Los responsables políticos europeos muestran su alineamiento tras las directivas que ‎imparte la OTAN. La ministro italiana de Defensa se exhibe así entonando una vieja ‎canción pacifista contra la guerra de Vietnam, siguiendo el ejemplo de sus colegas de ‎la OTAN que hace 2 años cantaban a coro We are the world, la célebre canción ‎contra el hambre en Etiopía. Cualquier payasada es válida con tal de hacer olvidar ‎que los políticos gobiernan sus países en interés de objetivos que no son nacionales y ‎de desviar la atención de la realidad de la guerra. ‎

La ministro de Defensa [de Italia], Elisabetta Trenta (Movimiento 5 Estrellas), cantó ante los ‎micrófonos de una radio musical C’era un ragazzo che come me amava i Beatles e i Rolling Stones ‎‎ [1] afirmando: ‎‎«Esta canción me recuerda el valor de la paz, un valor inapreciable que siempre debemos ‎preservar.»‎

Unos 10 días después, la misma ministro, en traje de campaña [ver foto], exaltaba en Afganistán «nuestra ‎presencia armada fuera de las fronteras de Italia, bajo la guía de los valores de nuestra ‎Constitución, en una misión fundamental para la paz». ‎

Esa misión se llama Resolution Support (Apoyo Decidido) y la OTAN la inició en Afganistán, ‎en 2015, al terminar la ISAF, la misión de la ONU de cuya dirección la alianza atlántica se había ‎apoderado en 2003. ‎

Así prosigue la guerra de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, guerra que ya ha durado ‎‎18 años. Estados Unidos y el Reino Unido la iniciaron, el 7 de octubre de 2001. El objetivo ‎oficial era entonces capturar a Osama ben Laden, acusado de los atentados del 11 de septiembre, ‎quien supuestamente se escondía en una cueva afgana bajo la protección de los talibanes. ‎

Los verdaderos objetivos fueron revelados por el Pentágono en un informe divulgado una semana ‎antes del inicio de la guerra: ‎

«Existe la posibilidad de que surja en Asia un rival militar con una formidable base de ‎recursos. Nuestras fuerzas armadas deben conservar la capacidad de imponer la voluntad ‎de Estados Unidos a cualquier adversario, para cambiar el régimen de un Estado ‎adversario u ocupar un territorio extranjero hasta que los objetivos estratégicos ‎estadounidenses sean alcanzados.»‎

En el periodo anterior al 11 de septiembre de 2001, se habían visto en Asia fuertes señales de ‎acercamiento entre China y Rusia, acercamiento que se concretó el 17 de julio de 2001 con ‎la firma del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación entre ambos países. Washington ‎veía el acercamiento entre China y Rusia como un desafío a sus propios intereses en un momento ‎crítico en que Estados Unidos trataba de ocupar el vacío que la desaparición de la URSS había ‎dejado en Asia Central, área de primera importancia, tanto por su posición geoestratégica ‎en relación con Rusia y China como por las reservas de petróleo y de gas natural existentes en el ‎Mar Caspio. Y Afganistán es una posición clave para el control de esa área. ‎

Eso explica la implicación a fondo en una guerra que ya ha costado más de 1 000 millardos [2] de dólares sólo a Estados Unidos. En este momento, la OTAN ‎presenta la actual misión en Afganistán como una «misión no combativa». ‎

Pero, según los datos de la propia OTAN, los aviones de la US Air Force utilizaron en Afganistán ‎unas 6 000 bombas y misiles durante los 10 primeros meses de 2018. Además de ‎cazabombarderos y de drones [aviones sin piloto] de combate, Estados Unidos está utilizando ‎en Afganistán los bombarderos pesados B-52, dotados de sistemas que aumentan en 2 tercios ‎la mortífera carga –ya enorme– de esos mastodontes aéreos, permitiéndoles lanzar en cada ‎misión hasta 30 poderosas bombas con direccionamiento de precisión. ‎

Pero además de esta guerra visible, está la guerra secreta a la que se dedican las fuerzas ‎especiales de Estados Unidos y sus aliados, cuya misión consiste en asesinar a los jefes talibanes –‎reales o supuestos– y a otras personas que esas fuerzas consideran peligrosas. Todo esto resulta ‎desastroso para la OTAN ya que mientras las víctimas civiles van en aumento, los talibanes ‎siguen ganando terreno. ‎

Esa es la guerra en Afganistán que cuenta con la participación de Italia, desde hace ya más de ‎‎15 años, bajo las órdenes de Estados Unidos y en violación de la Constitución de la República ‎Italiana. El contingente italiano en Afganistán es el tercero en orden de importancia, después de ‎los de Estados Unidos y Alemania. Además, hay oficiales italianos que cumplen funciones de ‎enlace con las fuerzas estadounidenses en Estados Unidos –concretamente en Tampa (Florida)– y ‎en Bahréin. ‎

Y mientras la guerra sigue segando vidas, en el orfelinato de la ciudad afgana de Herat –nos ‎anuncia el ministerio italiano de Defensa– militares de Italia entregaron alrededor 200 piezas de ‎ropa de invierno a los «niños menos afortunados». 

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