La nave de la Comunicacion

La III Guerra Mundial es contra los miserables

En esta batalla sin armas que se libra en Occidente, nos estamos jugando la vida y la de las generaciones que vengan

POR GERARDO TECÉ > ctxt.es

La alemana Carola Rackete es la capitana de un barco que rescata personas en el Mediterráneo. Tras llegar a puerto, fue detenida por la policía italiana. Había pasado 17 días en alta mar con 40 náufragos rescatados a bordo de su barco sin que nadie en tierra firme les echara una mano ni les diera luz verde para atracar. El ministro de Interior más conocido de Europa, el ultraderechista Matteo Salvini, celebra públicamente la detención de la joven capitana de barco a la que la justicia de Italia le pide 20 años de prisión para que repare así el daño causado: traficar con personas. Así se llama ahora en el planeta de los miserables a rescatar náufragos. Personas traficadas que también han sido detenidas. Un caso legal muy extraño en el que la víctima de un delito también lo está cometiendo.

Esto le ocurrirá al siguiente que haga lo que ha hecho ella, dijo Salvini brindando por lo inhumano tras las detenciones. Que el mundo entero recuerde estas palabras si algún día se cruzan con el ministro y lo encuentran accidentado en una carretera o perdido sin agua en la montaña. Durante el momento de la detención de Rackete, un grupo de vecinos de Lampedusa aplaude a la capitana como se le aplaude al futbolista que abandona el terreno de juego lesionado, tras haberlo dado todo, tras haber perdido. Otro grupo de vecinos insultan a la joven alemana y le gritan un deseo: ojalá esos negros te hayan violado en el barco.

En Madrid, el nuevo Gobierno municipal votado por 800.000 vecinos de la villa ha estrenado mandato cumpliendo una promesa: abrir al tráfico de vehículos las zonas altamente contaminadas. Si la salud huele a progre, que viva la contaminación. Desde ya, los coches vuelven a lanzar dióxido de carbono sin control para alivio de miles de personas a las que las políticas de salud públicas les suponen un incordio, una molestia logística en sus vidas. Con los tubos de escape ondeando a toda asta en la capital del reino, un grupo de activistas de Greenpeace se encadenan cortando una vía de acceso al tráfico rodado como protesta ante lo que consideran un atentado contra la salud. Tras ser desalojados, el alcalde de Madrid, Martínez Almeida, es preguntado por el asunto y deja claro que su postura ante esta protesta es la misma que la que tiene con las políticas de salud pública: tomárselo a broma. “Es envidiable el tiempo libre del que disponen algunos”. Almeida no inventa nada. De toda la vida, en el planeta de los miserables, a cualquiera que proteste se le ha llamado holgazán.

La sentencia de La Manada concluye que aquello que pasó en un portal de Pamplona, efectivamente, fue una violación. Muchos de quienes piden mano dura contra los violadores se llevan las manos a la cabeza poniéndose en la piel de los violadores y no de la violada. Nos podría pasar a cualquiera, denuncian algunos la inseguridad que siente ahora quien, siendo hombre, pueda verse en un portal y situación parecida. Pobrecillo, qué miedo. Es el pánico a sentir que ya no está en la mano propia dictar la realidad de lo que sucede. La queja principal por parte de muchos es que esta sentencia se ha producido por la presión del feminismo. Tienen toda la razón. Sin millones de mujeres movilizadas por la igualdad, la justicia hubiera seguido siendo tan desigual como lo ha sido toda la vida. En el lenguaje de los miserables, la igualdad es sinónimo de ataque al hombre.

Las redes sociales nos ofrecen imágenes de escenas que sabíamos que existían pero que sólo llegaban a nuestro cerebro vía imaginario colectivo. En el comienzo de las vacaciones de verano, los dueños de un perro lo dejan abandonado en mitad de una carretera y arrancan el coche. La escena del perro desesperado, intentando alcanzar sin éxito a sus dueños, la graba un móvil y miles de personas se retuercen de indignación y se movilizan para dar con ellos. No es un caso aislado. Las tecnologías nos muestran todo tipo de vejaciones y maltrato contra animales que suponíamos, pero no veíamos. Y funciona. Verlo duele y conciencia a un número cada vez mayor de personas. Y, cuanto mayor es la conciencia, mayor es la resistencia de quien cree que ser la especie dominante da permiso para maltratar al resto de especies. Permiso para el sadismo, incluso. Tras torturar a un toro y antes de quitarle la vida, Morante de la Puebla le seca el contorno de los ojos con un pañuelo al animal. Lo hace como homenaje a un torero de años atrás, pero la reacción no es la que esperaba. El sadismo, en 2019 ha perdido muchos adeptos. En el idioma de los miserables, la denuncia contra el maltrato animal se llama dictadura. Es que no me dejan libertad para maltratar como yo quiero.

La Tercera Guerra Mundial no será lejos, ni dentro de muchos años, ni entre países. La Tercera Guerra Mundial es en Occidente, es ya y es entre vecinos de la misma escalera. Es una guerra sin armas, pero en ella nos estamos jugando la vida y la vida de las generaciones que vengan. Quien gane esta guerra decidirá cómo se afrontan los grandes retos del nuevo tiempo como las migraciones, la contaminación, la igualdad o los derechos de los animales. Nos ha tocado este momento. Nadie nos avisó. Nos pilla sin ejército y sin estar preparados, pero no nos queda otra que ganar esta gran guerra. Nos jugamos, ni más ni menos, que la dignidad como especie. Vayan eligiendo bando.